La frase del día VIII
31 12 2007Categorías : frase del dia
Pero no se me quita la pinche costumbre de tomarme las cosas tan personales, de darles un chingo de improtancia cuando no debería hacerlo. ¡Puta madre! Sí, me siento de la verga. ¡Puta madre!
Y mejor ni pregunten.
Los que conozcan a Art Lebedev, sabrán del Optimus Maximus, el espectacular teclado patea-traseros con alma de dama inglesa del siglo XVIII; que sólo se hace del rogar y nada que afloja o nada que sale al mercado, pues.
Al parecer lo geniecillos de esta compañía aún no sacan el tan esperado teclado y ya están poniendo a correr los ratones para dar vida a otra joyita que, a mí parecer, promete mucho más (sí señores, aún más) que el Maximus. El que sería como primo o hermano prodigio del primer teclado se llamaría Optimus Tactus, que a grandes rasgos sería como una pantallota táctil capaz de reproducir video y todo lo posible en una pantalla, además de lo que ya hace el Optimus Maximus.
Está chida la idea, ¿no? El detalle es que, por ahora, sólo es eso, un concepto en el cual puede que se trabaje como igual puede que no; y eso nos obliga a pensar que será mejor esperar sentados, porque como mínimo, serían unos 2 años para poder volver a hablar de él como algo palpable.
Para más información e imágenes, visita la página de Art Lebedev.
“…Pero la próxima vez que se oscurezcan tus ojos, no busques mi mano, porque no va a estar ahí. Lo voy a dejar morir.”
Sí, sí, sí, es 26, como que me tarde un poco; pero ya saben que para dar afecto y desearle bienestar y felicidad a alguien, no hay fecha ni horario.
Feliz Navidad chamacos (y una que otra honorable libais que ande por aquí) ;) Cliquea, para verlas como en tamaño completo.
Y bueno, para que no digan mis lectoras que este es un blog de machos, ahí les va un chistecillo feminista para que se los cuenten a sus amig@s.
Me importa un reverendo sorete que sea 26, me gustó y así que lo pongo.
El equipo de colaboradores de Creación Automática y un servidor, te desea una feliz navidad.
…demonios, a quién engaño, no hay colaboradores, soy solo yo. :|
¡Por fin, carajo! Después de intentar subirlo en Youtube 3 veces, cada una de 7 horas, y en dos diferentes formatos; lo logre, pero en Google Video. Talvez la culpa fue mía, si bien me decía que mi carga estaba limitada a 100 MB ó 10 minutos… pero bueno, ya saben que me encanta aprender de la forma dificil.
Pues bueno, como te decía; en primer semestre nos encargaron como trabajo final de la materia de Creatividad, un cortometraje que teníamos que grabar en la Hacienda de Hornos, a donde habíamos ido en un viaje de “estudios” o algo así. Por cierto, ignora las marcas del tiempo que se nos paso quitarlas. n_nU
Comentarios.
“Lo mejor que he visto desde que me levante con todo ese vómito en mis pantalones esta mañana.”
“Orgásmica hasta la pared de enfrente.”
“No concibo tan maravillosa obra de arte sin la mano mágica del tipo que la haya editado y subido.”
“Es tan buena que hasta colabora en el combate al calentamiento global.”
SINOPSIS
Cuenta la historia de un grupo de 6 amigos que durante su viaje a Viesca, Coahuila, se pierden en el camino para ir a dar a un pueblo llamado Santa Ana, donde pasan cosas extrañas mientras un misterioso personaje comienza a matarlos uno por uno.
Santa ANA
*ACTUALIZACIÓN*
He vuelto a subirlo (sí, otra vez, la quinta ¬¬), y ahora sí este el bueno; el otro se había comido como 3 minutos.
¡No mamar! Yo tan tranquilo que andaba, bien alivianado, en la pura buena onda. Acabo de llegar a las 12:20 A.M. de la casa de mi novia. Vi un accidente bien cabrón. Bueno, bien cabrón tomando en cuenta que nunca había visto algo así y menos en “primera fila”.
Venía en un taxi por el bulevar Rodríguez Triana, y al llegar al semáforo de la Gomez Morín, el taxista no se detuvo, ya había cambiado a verde. Y al dar vuelta para incorporarnos al flujo de la Morín, un motociclista se nos pone en enfrente. Pero nada de cuidado, todo normal; aunque en algún momento pensé que estaba muy cerca de nosotros. Pero naa, nos acomodamos como para continuar circulando por ésa calle.
El motociclista era un joven de piel blanca. No sé por qué me fije muy bien en él. Vestía una chamarra negra como de chopper pero sin el símbolo característico de estos. El pantalón le ondeaba hacía atras por la acción del viento que lo golpeaba en contra. Un viento frío. De hecho, se me ocurrió decirle al chofer: “no manches, ¿no tendrá frío ese wey?”. Y es que no parecía que el aire le calara en lo más mínimo.
Casi llegando a la calle División del Norte… Leer el resto de esta entrada »
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