Lo que pasó al regresar de la casa de mi novia

23 12 2007

¡No mamar! Yo tan tranquilo que andaba, bien alivianado, en la pura buena onda. Acabo de llegar a las 12:20 A.M. de la casa de mi novia. Vi un accidente bien cabrón. Bueno, bien cabrón tomando en cuenta que nunca había visto algo así y menos en “primera fila”.

Venía en un taxi por el bulevar Rodríguez Triana, y al llegar al semáforo de la Gomez Morín, el taxista no se detuvo, ya había cambiado a verde. Y al dar vuelta para incorporarnos al flujo de la Morín, un motociclista se nos pone en enfrente. Pero nada de cuidado, todo normal; aunque en algún momento pensé que estaba muy cerca de nosotros. Pero naa, nos acomodamos como para continuar circulando por ésa calle.

El motociclista era un joven de piel blanca. No sé por qué me fije muy bien en él. Vestía una chamarra negra como de chopper pero sin el símbolo característico de estos. El pantalón le ondeaba hacía atras por la acción del viento que lo golpeaba en contra. Un viento frío. De hecho, se me ocurrió decirle al chofer: “no manches, ¿no tendrá frío ese wey?”. Y es que no parecía que el aire le calara en lo más mínimo.

Casi llegando a la calle División del Norte… el tipo de la motocicleta, que para entonces ya estaba a nuestra izquierda, nos pasa por enfrente para entrar al carril de nosotros; el derecho. Y dar vuelta en la División. El motociclista da vuelta y nosotros detrás de él, pero sólo una cuadra después, una camioneta lo choca paralelamente y el muchacho cae de la moto con la fuerza y velocidad del impacto.

Yo estaba absorto en mis pensamientos. Tanto, que si no hubiera sido por el taxista que casi gritó palabras de asombro que ahora no recuerdo, no habría captado el suceso completo.

Creí que la camioneta se detendría, había bajado su velocidad después del choque; pero no, al contrario, aceleró para darse a la fuga por la calle de donde salió y perderse en la oscuridad. Esto, no sin antes hacerme jurar que el tipo de la motocicleta no la contaría. Entre chispas que se desprendían por la fricción del chasis de la moto con el suelo, y nuestros ojos perplejos por la indiferencia con que el conductor de la camioneta aceleraba pasándole por encima a al pequeño vehículo; hubo un momento en que el hombre se encontró debajo de esta. Fue en ese momento que me pasó por la mente la idea de que nunca había visto a alguien morir, nunca había visto cómo atropellaban a alguien de esa forma, nunca había visto cómo le reventaban la cabeza con las llantas a una persona…

Por fortuna, nada de eso sucedió y el motociclista de incorporó aturdido y lastimado de la cabeza mientras los trozos de focos y demás componentes plásticos de la moto se encontraban esparcidos por la calle.

¡Wow! Y yo que iba tan tranquilo.


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